—¿Ya tan pronto? —preguntó Logan, siguiéndolo con pasos largos, su voz cargada de curiosidad y un dejo de reproche—. Creí que ibas a quedarte a celebrarlo.
Nathan se detuvo en seco, girando apenas lo suficiente para que su mirada encontrara la de Logan. Sus ojos eran un filo de acero que no mostraba debilidad, pero en su interior, algo chispeaba, un fuego que Logan, con su insolencia habitual, había logrado encender sin siquiera proponérselo.
—La celebración no será aquí —dijo Nathan con voz fi