La terraza del hotel más lujoso de la ciudad estaba bañada por las luces cálidas de faroles modernos, mientras una brisa ligera levantaba las cortinas blancas que delimitaban el espacio. Desde allí, la vista era privilegiada: la ciudad vibraba bajo ellos como un mar de luces y movimiento. El ambiente era íntimo, exclusivo, diseñado para reuniones privadas donde solo los nombres más pesados del negocio podían sentarse a hablar sin interrupciones.
Kai Nakamura, impecablemente vestido en un traje