Pasó el tiempo. No sé cuánto. Solo sé que la bulla afuera no cesaba. Voces, coches, puertas. Algo estaba pasando. Algo importante.
¿Por eso ese hombre estaba vestido como la encarnación del mal y el pecado?
Sin poder resistirlo más, me asomé por la puerta del balcón, ya que estaba cerrada y no podía salir. Desde la distancia, apenas y podía ver la cantidad absurda de autos negros y lujosos que cruzaban el jardín. Otros eran tan llamativos, al punto de traer Lamborghini.
¿Qué estaba pasando?