No era capaz de reconocer mi propia respiración. Mi mente estaba perdida, mi zona íntima palpitando, mi coño se contraía solo, vacío.
Estuve a punto de quejarme, pero sin previo aviso, me levantó con cuidado. Una mano en mi nuca y otra en mi espalda, protegiendo mi brazo herido. Me giró y me empujó suavemente hacia la cama. Caí sobre las sábanas, mirándolo desde abajo.
Las palabras murieron en mi garganta, sintiéndola repentinamente seca. Mis ojos fijos en cada uno de sus movimientos al apar