Una descarga de emoción recorrió mi vientre al observar su nariz hundida en mi vello púbico, sus ojos hambrientos fijos en los míos, observando mi reacción, como si me analizará. Y de pronto, su lengua recorrió mi hendidura sin vergüenza alguna. Casi me derretí con la pared, mi clítoris hinchándose ante su toque. Sin dudarlo, lo capturó con sus labios, chupando, exigente.
Los gemidos escaparon de mi garganta sin contención, deshaciéndome en sus manos, cuyos dedos estaban enrollando en mi cami