••Narra Cipriano••
La sala de reuniones estaba llena. Todos mis capitanes, Ottavio a la derecha, Enzo a la izquierda. Rostros duros, miradas expectantes. Sabían por qué estábamos aquí. Todos lo sabían.
Hace días lo había declarado, al traerla a la propiedad, inconsciente en mis brazos. Nadie la toca, yo seré el único con derecho a verla y permanecerá fuera del sótano rojo.
—¿Ha decidido qué hacer con la traidora, Don Grimaldi? —preguntó uno de los hombres, el más viejo, el más directo. El grup