El corazón me latía tan rápido que creí que me estallaría dentro del pecho.
Las palabras no salían de mi garganta. Mi mente seguía en esa pesadilla, la recreaba una y otra vez. Pero intenté concentrarme en los ojos dorados que me observaban con intensidad, su cuerpo estaba sobre el mío, nuestros rostros a centímetros del mío.
—No fue mi intención despertarte —dije, tratando de apartarme, pero una de sus manos fue a mi hombro, volviéndome a hundir en el colchón.
—Estabas gritando —dijo de pro