Capítulo 29: Nadie te hará daño

El corazón me latía tan rápido que creí que me estallaría dentro del pecho.

Las palabras no salían de mi garganta. Mi mente seguía en esa pesadilla, la recreaba una y otra vez. Pero intenté concentrarme en los ojos dorados que me observaban con intensidad, su cuerpo estaba sobre el mío, nuestros rostros a centímetros del mío.

—No fue mi intención despertarte —dije, tratando de apartarme, pero una de sus manos fue a mi hombro, volviéndome a hundir en el colchón.

—Estabas gritando —dijo de pro
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