Me negué a voltearme.
No podía. Si me veía de frente, sabría qué soy yo.
—Necesito que arregles unas cosas en mi oficina de inmediato —ordenó con aquel tono indiferente que lo caracterizaba.
Mis hombros tensos se relajaron, el oxígeno volviendo a circular por mis pulmones.
«No me había descubierto»
Podía sentir el sudor cubriendo las palmas de mis manos.
Me limité a asentir, sin girarme, con el florero aún en alto. No me podía arriesgar a hablar y que reconociera mi voz.
Sin más, pasó a