Bostecé sin poder evitarlo.
La noche fue larga después de esa pesadilla. Ninguno de los dos durmió, pero fingimos hacerlo, para evitar esa conversación que yo me negaba a tener. Y haría lo posible por alargarlo.
Fui tan tonta. Estaba en un momento vulnerable y terminé hablando más de lo que debería.
“Puedo protegerte”.
Esas fueron sus palabras. Esperaba otra clase de respuesta, tal vez molestia, decepción.
¿Cómo se me ocurrió decirle qué me estaba escondiendo? Ahora va a querer saber d