Me até el cabello lo mejor que pude, ocultándolo en un moño bajo. No era la única pelirroja en esta mansión, ya había notado a varias sirvientas con esa tonalidad, pero tampoco debía arriesgarme. Yo consideraba mi cabello un arma de doble filo. Muy distintivo.
Me miré en el espejo por tercera vez, asegurándome de que mi apariencia fuera lo más sencilla posible con el uniforme de sirvienta que me quedaba un poco grande, ya que no era de mi talla. Al menos en el calzado si éramos iguales.
El cora