Esperé ver horror en sus rostros, pero solo conseguí que se carcajearan en mi cara.
—¿Tú? ¿Su amante? —Uno de ellos me señaló—. No te ofendas, si eres muy bonita y se puede notar tu bien busto pese a tu ropa holgada, pero eres una chica más del montón. Al Don Grimaldi le sobran mujeres en Italia, ¿por qué viajaría a otro país solo por una mujer? Bien intento.
—¡Estoy diciendo la verdad! ¡Si me hacen algo, Don Grimaldi hará rodar sus cabezas por el suelo!
—Sí, sí —Puso los ojos en blanco—. Me p