••Narra Cipriano••
Veinte minutos.
Habían pasado veinte minutos desde que entró en esa maldita casa de piedra. Veinte minutos desde que la vi desaparecer tras la puerta con su paso apresurado, sus manos protegiendo su vientre por instinto, como si en cualquier momento fuera a ocurrir algo malo. ¿Al menos ella se daba cuenta de lo protectora que era con nuestro hijo?
Apenas se cumplieron los veinte minutos y ella no salía, mi instinto comenzó a gritarme que algo iba mal.
Apoyé la cabeza en el