La cabeza me daba vueltas.
Mi cuerpo se movía involuntariamente de un lado a otro, en un balanceo que solo aumentaba la bilis que subía por mi garganta.
Mi campo auditivo parecía despertar poco a poco, siendo consciente del rugido constante de un motor.
¡Estaba en un vehículo!
Abrí los ojos, pero no fui capaz de ver nada. Solo oscuridad pura. Intenté hablar, pero mis labios parecían estar sellados.
No podía hablar, no podía ver.
El pánico inundó mi cuerpo, pero no pude reaccionar como se de