Cipriano se mantuvo en el vehículo, una calle atrás tal y como le pedí. La cubierta negra del carro se fundía en las sombras de la avenida, convirtiéndolo en una silueta vigilante.
No debería temer de estas mujeres, pero me avergonzaba que me vieran subir y marcharme con un hombre. Y especialmente, era un seguro para que ese hombre impulsivo no me siguiera adentro, evitando que su imponente presencia desatara un caos innecesario en el vecindario.
Algo que tenía Cipriano era que sabía formar p