—¡Agáchate! —La voz de Cipriano fue un rugido por encima de las balas. Su brazo me rodeó y me empujó hacia abajo, su cuerpo cubriendo el mío mientras más disparos perforaban el coche.
El sonido del cristal rompiéndose, cayendo sobre nosotros, las balas cortando el aire. No fui capaz de reaccionar, ni siquiera grité. Mi mente aún procesaba lo ocurrido, el peligro al que estaba expuesta.
Pero ese silbido… Las balas cortando el aire, me carcomía por dentro. Era el mismo sonido que me partió el al