El silencio dentro del vehículo era asfixiante. O tal vez, era el hecho de que tenía una duda carcomiéndome la cabeza. Y el causante de ello estaba sentado a mí lado, con su mirada perdida en la ventana.
A este paso, la incertidumbre me mataría antes de llegar a la fortaleza que él llamaba hogar.
—Cipriano, ¿por qué lo hiciste? —No pude resistirlo más. Necesitaba saberlo.
Mi mente repetía una y otra vez lo ocurrido, el enfrentamiento con los Moretti.
—¿Hacer qué? —Ni siquiera se giró pa