El murmullo se intensificó. Los invitados comenzaron a moverse, algunos con prisas, otros con dignidad fingida. Las sillas arrastrándose. Las copas cayendo. Los susurros creciendo como una ola.
—¡Esto es un ultraje! —Giovanni Moretti dio un paso al frente, su rostro enrojecido por la furia—. ¡Somos sus invitados! ¡Tenemos una alianza! ¡No puede tratarnos así, como unos criminales!
—¿Una alianza? —Mi voz resonó en el salón, fría como el mármol—. Ustedes envenenan a mi mujer en mi propia casa, ¿