••Narra Silvia••
El salón estaba vacío.
Bueno, no del todo. Los sirvientes recogían los restos de la fiesta en silencio, con los ojos bajos, como si temieran que mirarme fuera suficiente para que le arrancará los ojos. Inclusive la perra de la sirvienta que me ha ayudado dos veces en mis planes evitaba mirarme. Ella le dio el desayuno con el afrodisíaco y también se encargó de poner unas gotas de avellana en copa de jugo. Sabía que no fallaría porque algo dentro de mí me decía que evitaría toda