Sentía el miedo en la boca del estómago. Lo primero que hice fue tomar una copa de champán cuando nos recibieron, dejando que el licor me quemara la garganta. Era dulce y amargo, una combinación que no estaba del todo mal, pero que enseguida empeoró mi situación estomacal.
No estaba para nada acostumbrada al alcohol, pero pensé que erróneamente me ayudaría a aliviar el nerviosismo que me carcomía por dentro.
Iba del brazo de Cipriano, usándolo como mi protección.
—¿Por qué estás tan nerviosa