Tragué saliva al observar a ese hombre amenazante caminar a paso seguro hasta donde estábamos. Su mandíbula tensa.
Cómo relámpago, las mujeres me soltaron, apartándose por completo.
Al llegar, detalló la escena con frialdad. El maquillaje corrido y pegostoso, su rostro molesto, el intento fallido de golpearme, mi mano con la copa de champán vacía.
Deducir lo que había pasado era muy fácil.
Respiré profundo, preparada para que me pusiera en mi lugar. ¿Disfruté avergonzando a Silvia? Po