LÍA
La pantalla de la laptop iluminaba mi rostro en medio del silencio del penthouse. El reloj de la pared marcaba pasadas las once de la noche y aún no podía cerrar los ojos. No mientras John Douglas seguía respirando en la misma ciudad que yo. No mientras esa sombra se alargaba sobre mi vida, sobre Dalton, sobre todo lo que habíamos construido en tan poco tiempo.
El cursor titilaba sobre el buscador. Mis dedos se movían nerviosos, tecleando combinaciones de palabras que una parte de mí temía