Hizo otra pausa y sus pulmones recuperaron el aire de inmediato
—Y ni te hagas la víctima, porque tú también le has disfrutado, o ¿no? Quién mierda sabe cuántos cientos te habrán follado antes y vienes a hacerte la inocente conmigo. Yo sé reconocer a la clase de mujeres como tú.
Sus intensos ojos la miraron con más resolución, notando cómo se quedaba callada, las lágrimas le caían sin detenerse, su cuerpo se deshacía en temblores y aún seguía mirándole con esa especie de trance, como si estuvie