Hace veinticuatro horas atrás, había estado dispuesto a decirlo todo y enfrentarse al mundo entero para defender su felicidad y ahora se encontraba ahí, mirando la noche a través de la ventana, haciéndose mierda poco a poco.
Recordó el rostro frívolo de su padre esa misma mañana; sus ojos astutos y sagaces analizándole con una seriedad, decisión y rudeza que no había visto nunca antes.
“¿Y qué me importa si amas a otra persona? El amor es una bobería, no existe. Tú mismo lo verás después. Sirve