—Y así he seguido estando y como los señores se volvieron más poderosos, tenían muchos tipos que les hicieran las cosas y recién podían darse el tiempo de venir a ver a sus hijos. Y claro, no les gustó el hijo que tenían y ahora dicen que hago mucho griterío, pero... ¿saben? — contuvo la respiración para que su voz no se quebrara, pero poco logró y no le quedó más que enfrentarlos de esa manera—. Ustedes no pueden culparme, porque nunca han estado conmigo. Ni un maldito momento.
Sus ojos se cen