El humo del almacén Delta aún se veía en el horizonte cuando los gritos empezaron a resonar a través de la red mental de Amelia. No eran gritos de batalla, sino de agonía pura. Los Inquisidores habían llegado. Eran tres sombras vestidas con túnicas de seda blanca que contrastaban con la sangre que salpicaba sus manos; se movían con una precisión quirúrgica, eliminando a los parias que se habían dispersado tras el asalto.
Amelia y Julian regresaron al ático del Aethelgard, pero la atmósfera de t