El comandante no perdió el tiempo.
Se sentó como si mi sofá fuera una extensión de su oficina y apoyó las manos sobre las rodillas.
—Los mercenarios que la están cazando no son simples criminales —dijo—. Son una unidad renegada. Desertores. Soldados entrenados que decidieron vender sus habilidades al mejor postor.
Lo miré arrugando el ceño.
—¿Y el de la foto?
—Ese en especial desertó de nuestras filas con información clasificada. Lleva años huyendo. Escurridizo. Inteligente. Y ahora está en est