La casa de Petrov estaba en silencio cuando salté la reja. Ni siquiera tenía cámaras de seguridad. Alguien demasiado confiado.
Me moví como una sombra, pegada a las paredes. La puerta trasera cedió con una ganzúa en menos de un minuto.
Dentro, los pocos objetos decorativos estaban perfectamente ordenados.
Subí las escaleras sin hacer ruido. La luz tenue del segundo piso me guió hasta la habitación principal.
Abrí la puerta, que estaba sin llave.
Perfecto.
Entré y cerré detrás de mí. Me acerq