Ese día la rutina siguió igual, a pesar de todo traté de mantener la normalidad.
Limpié los salones. La biblioteca. Los pasillos. Mis manos se movían solas. Mi cabeza estaba en otra parte. En el beso. En Renato. En las pruebas. En todo lo que había cambiado en menos de veinticuatro horas.
Clara seguía sin aparecer. Nadie hablaba de ella. Era como si nunca hubiera existido. Por eso tenía más trabajo, todas sus labores pasaron también a mí. Y no me molestaba, de esa manera tenía menos tiempo para