El trayecto de regreso se sintió más largo de lo normal.
No porque hubiera tráfico. Sino porque dentro del auto… todo estaba cargado de algo que ninguno de los dos decía en voz alta.
Alexander hizo una llamada apenas nos alejamos del edificio.
—Quiero que limpien todo —ordenó, con esa voz fría que solo usaba cuando hablaba de cosas así—. No dejen nada. Ni rastro.
Hizo una pausa, escuchando.
—Y hay otro objetivo —añadió—. Les enviaré un número. Es un periodista. Quiero que averigüen qué sabe… y