Entré al despacho. Venía lista para decir todo. Para contar la verdad que guardé durante demasiado tiempo. Pero el teléfono de Alexander sonó y rompió el instante.
Él contestó, habló durante unos segundos y finalmente colgó.
—Eran mis hombres —dijo.
Mi cuerpo se tensó.
—¿Qué te dijeron?
—Todo está limpio. La escena, borrada. No quedan rastros.
—¿El periodista?
—Lo encontraron. Le quitaron las pruebas. Todo lo que tenía, desapareció. No será un problema.
Suspiré aliviada. Un peso enorme se des