El disparo lo partió todo.
El aire. El momento. Mi concentración.
Durante una fracción de segundo, todo quedó en silencio.
Me levanté de golpe, con el cuerpo reaccionando antes que la mente. Mis dedos encontraron el arma en el suelo, la sujeté con fuerza y corrí hacia la puerta con el pulso descontrolado.
El cuerpo de Leo estaba ahí, en el umbral. Inmóvil. El disparo le había dado directo en la cabeza. No había nada que hacer. No había nada que sentir.
Levanté la vista.
Alexander estaba justo