Alexander me miró como si no terminara de entenderme.
—¿De qué estás hablando?
Di un paso más hacia él, bajando la voz aunque estuviéramos solos.
—Tenemos que salir de la mansión.
Su ceño se frunció.
—¿Te parece sensato? —preguntó.
—Sí. Nikolai no va a desaparecer —continué—. Tiene la soga al cuello. Va a volver. Y cuando lo haga… no podemos estar aquí. Le prometiste a Mika que irían de pesca, ¿no? Hagámoslo. Nos vamos. Sin avisar. Sin que nadie sepa a dónde. Que crea que seguimos aquí… y que