Nos quedamos dormidos en el sofá.
No recuerdo exactamente en qué momento pasó. Solo sé que en algún punto dejé de pensar, de preocuparme, de sentir ese peso constante en el pecho… y me quedé allí, abrazada a él, como si fuera el único lugar donde todo se calmaba.
Cuando desperté, la luz del amanecer ya se filtraba por las cortinas del despacho.
Estaba sobre él. Mi cabeza en su pecho, su brazo rodeándome con firmeza incluso dormido. Su respiración era lenta, profunda. Tranquila.
Me quedé unos se