Alexander no dijo nada.
Ni una palabra desde que salimos de la clínica hasta que llegamos a la mansión.
Pero el silencio… lo decía todo.
Podía sentirlo. El peso de lo que había dicho. El daño. Porque a mí también me había dolido. Decirlo en voz alta lo volvió real. Posible.
Y aun así… necesitaba que lo supiera. Porque era la verdad.
Aunque en el fondo yo también supiera algo más.
No me iría. No sin asegurarme de que él y Mika estuvieran a salvo. No sin dejar todo resuelto.
Cuando entramos