Era indescriptible lo que América sentía en ese momento. Tenía ganas de gritar, de arrancarse la ropa, de dejarse caer al suelo en un ovillo y llorar hasta vaciarse… pero no. No iba a darle a Jader el gusto de verla derrotada. Aunque nadie lo creyera, aún conservaba un poco de orgullo. Y aunque ahora fuese una virginidad vendida, se prometía a sí misma que, al cumplir veintidós años, lo primero que haría sería divorciarse y reconstruirse desde cero. Jamás volvería a permitir que nadie pusiera u