—Sabes que te amo... —confesó Nathan en voz baja, mirándola con una intensidad que América no sabía cómo sostener—. No sé cómo pasó en tan poco tiempo, ni yo mismo lo entiendo. Pero no quiero que Bárbara te haga daño... Me preocupa que vayas sola a esa casa.
—Entonces acompáñame —le propuso ella, deseando que al menos una vez no la dejara enfrentarlo todo sola.
Nathan negó con la cabeza suavemente.
—No puedo... Tengo una reunión importante, y además creo que necesitas tu espacio. No quiero ser