—Barbarita, yo necesito intereses para poder seguir esperando con paciencia —dijo Vladimir, ladeando la boca en una sonrisa llena de autosuficiencia.
Barbara ya sabía a qué se refería. Aquella frase, repetida tantas veces, era una forma sutil de chantaje. Aquel hombre le causaba náuseas. Era obeso, malhumorado, vulgar… y con una autoestima peligrosamente inflada por el poder que tenía.
Pero tenía que fingir. Bien. Si quería mantener el favor de ese hombre, si quería seguir manejando el negocio