MATTEO
Me sirvo un trago generoso y me dejo caer en uno de los sofás de cuero. El alcohol quema, pero no tanto como la noche.
—Será una maldita noche larga —murmuro, bebiendo despacio.
Alessio, mi mano derecha, se ríe por lo bajo. Una risa seca, sin humor. Se sirve un trago y se sienta a mi lado.
—Pensé que los ibas a matar aquí mismo.
Giro apenas la cabeza.
—Es lo que más me habría gustado —respondo—. Pero un cadáver no habla. Un mutilado sí. —Le doy otro sorbo—. El mensaje tiene que ser lleva