VALENTINA
El día amaneció con una luz pálida y fría, pero en el orfanato, por primera vez en semanas, había un pulso de esperanza. Los niños volvían. No todos, los más pequeños aún necesitaban observación.
Desde mi ventana, en el segundo piso donde me habían confinado a "tareas administrativas" lejos de las áreas comunes, vi el automóvil de la beneficencia detenerse en el patio. El corazón me dio un vuelco salvaje, un impulso animal de correr, de abrazarlos, de comprobar con mis propias manos q