MARCO
Ella apartó la vista, como si el simple acto de no mirar pudiera borrar lo que ya estaba hecho. Rinaldi no se lo permitió. Golpeó la mesa con el dedo índice y deslizó otra fotografía hasta quedar justo frente a ella.
—Y esto —dijo, cada palabra cargada de desprecio—. Los análisis del laboratorio.
Señaló los informes impresos.
—Atropina y escopolamina. Restos claros en el orégano que usted misma añadió a la sopa de los niños.
El nombre de las sustancias pareció golpearla con más fuerza que