DORIAN
En Palermo, la ley siempre llega tarde. Y cuando llega, lo hace pidiendo permiso.
La famiglia Martinelli no necesitaba órdenes judiciales ni sellos oficiales. Aquí bastaba un gesto, una llamada, una palabra susurrada al oído correcto. La policía lo sabía. Por eso rara vez cruzaba nuestras fronteras sin bajar la cabeza y dejar claro quién mandaba de verdad.
Pero esa noche… esa noche olía distinto. Las sirenas ya se habían apagado, aunque las patrullas seguían apostadas frente al viejo cas