VALENTINA
El autobús ascendía lentamente por la carretera de montaña, cada curva revelando un paisaje más hermoso que el anterior. Había perdido la cuenta de las horas de viaje, de las fronteras cruzadas, de los nombres de pueblos que quedaron atrás. Solo sabía que me alejaba de Italia, de Nápoles, de los fantasmas que aún habitaban en mi memoria.
A mi lado, Santoro permanecía en silencio, respetando mi necesidad de procesar todo lo que había pasado. El maletín con el dinero y los documentos de