VALENTINA
Han pasado ocho meses. Ocho meses desde aquella noche en que crucé una puerta y dejé atrás al hombre que me había enseñado a amar. Ocho meses de reconstruir el orfanato, de ver crecer a los niños, de sentir cómo mi vientre se hinchaba con la vida que él me había dejado. Ocho meses de extrañarlo.
El día del parto está cada vez más cerca. Los médicos dicen que puede ser cualquier día ahora. Y yo debería estar feliz, debería estar emocionada, debería estar deseando tener a mi hijo entre