VALENTINA
Tres años después.
La casa estaba en silencio. Un silencio diferente, casi irreal después de tres años de risas infantiles, de carreras por los pasillos, de "mamá, mamá" a todas horas. Dante se había ido a dormir a casa de los abuelos —así llamábamos al Padre Vittorio y las hermanas—, emocionado por su primera noche de pijamas con los otros niños.
Yo estaba en la cocina, preparando una copa de vino, disfrutando de la calma inusual, cuando sentí sus brazos rodear mi cintura por detrás