Mundo de ficçãoIniciar sessão“Ella no es nada para mí, solo un maldito juego”. Esas palabras la marcaron de por vida, porque fueron el pase libre que el chico que amaba le dio a sus enemigos para que la destrozaran. Joanne había creído que el amor era real, pero para un heredero millonario como Seth “The Hawk” Ashbourne, ella solo era otro de sus retorcidos pasatiempos. Ella solo era la nerd mientras que él era el rey del campus… …pero nada es para siempre… Porque seis años después ya no son chicos, y Joanne Sachs es la que domina el juego. Un negocio ineludible los pondrá de nuevo frente a frente, y Hawk descubrirá que el amor y el odio pueden latir con la misma fuerza en el mismo corazón, en especial cuando ese corazón guarda secretos tan peligrosos. Secretos que podrían destruirlo a él y a toda su familia, mientras lo alejan del fruto de ese amor que rechazó. Porque Joanne no va a detenerse hasta conseguir su venganza, por el desprecio de Hawk y por todo lo que los Ashbourne le quitaron. Y si él quiere seguir siendo el rey del juego… bueno, entonces ella le dará la reina que él se merece… porque ella es quien tiene a la heredera.
Ler mais—*— JOANNE —*—
Solo le quedan unos minutos al partido. Hawk está concentrado, furioso, determinado a ganar y a conseguir ese contrato millonario con un equipo profesional de fútbol americano.
Cree que ese contrato lo salvará.
Y está dispuesto a sacrificarlo todo para lograrlo... incluida a mí.
Porque claro, la chica nerd que se enamoró de él como si fuera el último hombre en la Tierra es perfectamente sacrificable.
El silbato vuelve a sonar y miro el tablero de puntuación: -5 minutos.
Mucho más de lo que le tomó a él destrozarme frente a todos.
—Solo es otra chica desesperada a la que metí en mi cama, un entretenimiento sin importancia —le dijo a su prometida mientras mi corazón se caía a pedazos.
¡La misma prometida que yo no sabía que tenía cuando me decía que me amaba!
Lo veo correr por el campo mientras espera el pase, pero uno de los defensas del otro equipo lo intercepta. La caída es brutal, pero igual se levanta con desesperación porque sabe que ya no puede perder nada más.
El tablero vuelve a marcar: -4 minutos.
Mucho más de lo que le tomó a él negarme frente a su padre millonario.
—¡Maldición, si es que me puedo aguantar lo del fútbol, pero no que te enredes con una… muerta de hambre! —lo increpó el señor Ashbourne ese día—. ¡Dime ahora mismo quién es esa chica y qué tiene que ver contigo!
—¡Nada! —gritó él—. ¡No tengo nada con ella, no es nadie, solo una estúpida apuesta que hice con Hunter! ¡Un maldito juego para divertirme mientras mi prometida no estaba, nada más que eso!
Hawk simplemente no quería que su padre interfiriera en el campeonato. El señor Ashbourne lo hubiera preferido CEO, pero Hawk solo quiere jugar fútbol y aquí está, conectando un pase y corriendo hacia la zona de anotación hasta que otros dos defensas lo derriban.
Se levanta lanzando el balón con impotencia porque cada vez está más acorralado.
El tablero marca de nuevo: -3 minutos.
Mucho más de lo que le tomó al equipo de porristas destruir mi cabello con tinta negra. El mismo cabello que él sabía que yo amaba, que guardaba todos los recuerdos de mi madre muerta. Y aun así no movió ni un dedo para ayudarme.
—Lo siento, linda, tienes un rubio precioso, pero no puedo quitar la tinta, solo podemos raparlo —dijo la estilista ese día—. O pintarlo.
—Píntalo —fueron mis únicas palabras mientras lloraba amargamente, porque no hay nada que hacer cuando descubres que quien creías el amor de tu vida te echa a los lobos para que te destrocen.
Y ahora… el destrozado va a ser él. Tengo la garantía en mi mano mientras bajo de las gradas y le hago una señal a Hunter, su mejor amigo, para que se acerque.
—Tienes que entregarle esto a Hawk ahora mismo —le digo con tono suplicante mientras le doy el sobre—. ¡Tiene que verlo ahora, Hunter, por favor!
Y como es la única persona decente que todavía queda a su alrededor, él toma los papeles y sale corriendo, mientras pide una pausa.
El tablero marca: -2 minutos.
Mucho más de lo que me tomó firmar el contrato de aborto que su padre puso ayer delante de mí, junto con un cheque por cinco millones de dólares. No soy tan estúpida como para no saber lo que me harían si no firmaba.
No pasó ni una hora desde que me enteré del embarazo hasta que el señor Ashbourne entró por la puerta con media docena de hombres y me acorraló en mi habitación.
—Toma el dinero, deshazte del niño y desaparece. No vas a arruinarle la vida a mi hijo y yo no voy a tener un nieto de una perdedora como tú. Y lo voy a conseguir por las buenas o por las malas.
Las malas eran los hombres que iban con él.
Así que firmé… y ahora estoy aquí: viendo cómo en una esquina del campo Hawk abre el sobre y ve la copia del contrato de aborto y la foto del cheque que su padre me dio.
En un segundo se pone pálido, las manos le tiemblan y me busca, sus ojos pasean desesperados entre las gradas y su expresión casi es de terror cuando me ve. Sé que no puede reconocerme porque yo apenas lo hago.
De la chica rubia que lo miraba con adoración no queda nada, solo un cabello pintado de rojo infierno, justo como al que él me empujó.
No importa la distancia, juro que puedo sentir el grito que no sale de su garganta mientras lo empujan al campo de nuevo. Juro que puedo ver las lágrimas en sus ojos, la desesperación porque sabe muy bien lo que acaba de perder, y yo también lo sé.
El marcador cambia de nuevo: -1 minuto.
Mucho más de lo que me toma darme la vuelta y alejarme. Sé lo que acabo de provocarle, sé lo que va a pasar. Estoy saliendo del estadio cuando escucho el silbido, los gritos, las maldiciones.
Y sé que acaba de perder el partido del campeonato, tal como sé que esta no va a ser la última vez que nos veamos, porque la venganza es lenta… pero siempre llega.
ES SEGUNDO EXTRA, PORQUE DE ALGO HAY QUE REÍRSE.Otros tres años después…—JOANNE—Todo empezó como empiezan las tragicomedias en esta casa: con una pregunta aparentemente inocente.—Papá… —dice Marie, sentándose frente a Hawk con esa cara de negociación peligrosa—, ¿por qué yo no puedo jugar fútbol como jugabas tú?Yo levanto la vista inmediatamente. Hawk también. Nos miramos.¡Uuuuuuuy esto pinta mal! Muy mal.Marie ya tiene doce años y sus preguntas ya no son precisamente curiosidad, son desafío, son cálculo, negociación y ataque masivo sorpresivo… ¡todo a la vez!—Claro que puedes —respondo yo, antes de que él abra la boca.¡Error! Grave error. Porque mientras yo quiero evitarle la charla adolescente sobre justicia, su padre decide no disfrazarle nada y hablarle con la cruda verdad.—Bueno… —empieza, rascándose la nuca—, no es tan simple, cariño.Lo fulmino con la mirada porque sé en el lodazal en el que se va a meter, pero él sigue pecando de deslenguado, así que… ¡que diosito lo
UN EXTRA… PORQUE LA VIDA DE VERDAD ESTÁ HECHA DE ESTOS PEDACITOS.—JOANNE—Tres años después de haber sobrevivido a secuestros, suegros psicópatas, juicios interminables y a un marido con tendencias heroicas innecesarias, una pensaría que la vida finalmente decide darte paz… pero no, la vida, claramente, me odia un poco, porque decide darme otra sorpresa justo cuando Hawk termina de ganar otro maldito Super Bowl.¿Qué estoy emocionada por él? ¡Por supuesto! En especial porque el hombro ha mejorado, las empresas van creciendo, cada uno hace lo que le gusta, los niños son maravillosos no hemos enloquecido tanto gracias a la abuela y a la red de apoyo de tres tíos, dos tías agregadas, un abuelo entrenador y la plantilla de cincuenta y tres jugadores de los San Francisco 49ers, que hacen de niñeras voluntarias bastante seguido.Y aun así, cuando la prueba de embarazo marca las dos barritas en el baño del estadio mientras todo el mundo grita, siento que me voy a desmayar.—Estoy embarazada
EJF. EPÍLOGO—HAWK—Hay algo profundamente engañoso en la tranquilidad, algo que no termina de creerse cuando has vivido demasiado tiempo esperando el siguiente golpe, así que incluso ahora, cuando todo está en calma, cuando Joanne camina por la casa con Seth en brazos y Marie corre detrás de ellos con esa energía inagotable que parece definirla, hay momentos en los que me detengo a mirar la escena como si necesitara asegurarme de que es real, de que no va a romperse en el instante en que parpadee.—Papá, estás raro —dice Marie, cruzándose de brazos frente a mí—, llevas como cinco minutos mirando sin decir nada.Parpadeo, vuelvo a la realidad y sonrío.—Estoy admirando mi obra maestra.—¿Cuál? —pregunta con sospecha y yo señalo a Joanne, que ni siquiera levanta la vista porque ya sabe por dónde voy.—Tu madre.—Eso no cuenta —responde Marie—, ella ya era perfecta antes.Joanne se ríe y yo suspiro porque esta niña nos ha salido demasiado inteligente.—¡Bien respondido!Y es en esos mom
EJF. CAPÍTULO 80. Señor Subdirector—JOANNE—Cuatro meses después.El dolor todavía vibra en mi cuerpo cuando escucho el llanto, fuerte, claro, decidido, y en ese instante todo lo demás desaparece. El cansancio, el miedo acumulado, los meses de tensión que cargué en silencio, todo se va porque lo único que existe es ese sonido que me confirma que está aquí, que está bien, que lo logramos.Para mí es el segundo llanto que me sobrecoge el corazón, para Hawk es el primer terror disfrazado de control. Fue desesperarse mientras conducía hacia el hospital después de la primera contracción y ser él el que casi me rompe los dedos apretando mi mano cada vez que la doctora me decía que pujara.Pero al final nuestro bebé sale con un llanto furioso, decidido, y la expresión de Hawk se derrite en un segundo.—¡Dios… es igualito a ti! —me dice y el doctor se lo pone en los brazos después de revisarlo.—Es un niño fuerte —asegura con una sonrisa tranquila—, completamente sano.Hawk lo abraza con una





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