VALENTINA
Los disparos afuera se intensificaron. Gritos. Órdenes. El sonido inconfundible de una batalla que se acercaba.
—¡Jefe! —insistió el tercer hombre que apuntaba a Marco—. ¡Tenemos que irnos ya!
—Suéltala —insistió Marco.
Falconi rió. Una risa hueca, terrible, que resonó en el taller mientras afuera el mundo se desmoronaba.
—Qué conmovedor. El héroe dispuesto a sacrificarse por su damisela. Pero no, detective. Ella es mi boleto de salida. Mi seguro de vida. Con ella, tengo a Dorian comi