VALENTINA
El cansancio me venció. No sé en qué momento mis ojos se cerraron, en qué instante la lucha por mantenerlos abiertos se perdió contra la pared de agotamiento que me aplastaba. Solo sé que cuando desperté, todo estaba en silencio.
Un silencio pesado. Un silencio de muerte.
La bombilla seguía parpadeando, su luz mortecina dibujando sombras grotescas en las paredes de óxido. El frío seguía calando mis huesos, asentado ya para siempre en cada fibra de mi ser. Pero algo había cambiado. Algo