El tiempo dejó de tener forma.
No eran días.
No eran semanas.
Era una masa espesa que caía sobre Anabel como una losa, aplastándola poco a poco, sin matarla del todo.
Cuando su vientre comenzó a pesarle de verdad, cuando el dolor en la espalda se volvió constante y el bebé respondió con movimientos claros, comprendió la magnitud del horror.
Siete meses.
Siete meses secuestrada.
Siete meses desplazada como un objeto frágil pero prescindible.
Siete meses sobreviviendo en espacios prestados, con e