La luz de la mañana comenzaba a filtrarse a través de las ventanas del edificio donde Anabel había establecido su base de operaciones. La atmósfera estaba impregnada de un aire de triunfo, pero también de una tensión subyacente. Vincenzo estaba fuera del juego, y eso era un motivo de celebración. Sin embargo, las palabras de venganza que él y Valeria habían pronunciado resonaban en la mente de Anabel, como un eco ominoso.
Anabel se sentó en su oficina, observando los informes que llegaban sobre