La fiesta había terminado, pero la noche aún guardaba secretos.
El club comenzaba a vaciarse lentamente. Copas olvidadas sobre las mesas, risas lejanas que se apagaban, y el cansancio oculto tras el maquillaje y las luces artificiales. Anabel permanecía sentada en un sofá de cuero, cruzando las piernas con aparente serenidad, aunque su mente no dejaba de trabajar. Sabía que no estaba sola. Lo sentía.
A través del ventanal, el brillo agresivo de un Lamborghini negro destacaba entre los demás aut